viernes, 8 de agosto de 2008

EXTRAVIADA FE

Te vi…
yerto, jadeante, abrasado…
costras cubriendo tu piel
con negra crueldad,
tubos de vida serpenteando la cama…
esa cama maldita de tu postración.

Las horas… otrora fugaces,
se desgranan lentamente manteniendo en vilo mi esperanza
te agitas… toses… y mi corazón se para,
se detiene expectante, espío en tu rostro un parpadeo,
una mueca, leve seña que alimente los anhelos,
despierta… te pido sin decir palabras
abre los ojos que ya ha pasado un mes…

coma profundo, insensatez.

Reposas… suspiras y te calmas.

¿Duermes? ¿Escuchas? ¿Percibes?

Un espasmo agita tu mano
y este corazón de amigo renueva su triste galopar febril,
Retorna con ímpetu mi furia, el suspenso, la desilusión.

Y Tú, sigues ahí, tendido, absorto, impávido en tu rigidez.

Mi mente vaga
brinca en relámpagos hirientes de recuerdos.
Si, los ahora hirientes recuerdos de los viejos tiempos.
Invoco la imagen de aquel chiquillo impetuoso y terco,
de perpetua sonrisa y crespo rizo.

Descontrolada, desvaría mi estupefacta mente,
ofuscación infame...
Es la rebelde negación de lo que mis ojos ven…
Y duele, vaya que duele
Taladra y asesina a mi maltrecha fé.

Luego paso de ferviente rezo a inquisitivo ruego:
“¿Señor… estas aquí?” ¿esta es tu voluntad?
Muéstrame el por qué de su recóndito sino. Quisiera entender…
Otro minuto y la noche se prolonga, interminable,
sin respuesta, indiferente y negra.
Yo, impío, cuestiono con rabia Sus designios y mi fé.

Finalmente, llega el día, viene mi relevo
y comienza la permanente procesión de gente que te quiere.
Tu familia, tus amigos, los del Seis… se organizan las guardias, se reza
se pide, se llora, y de vuelta al trabajo te imagino y no te olvido.

Por la noche, insomne, a solas con mis pensamientos, cada golpe de tecla es, lastimosamente, una vehemente y árida búsqueda de comprensión y de mi extraviada Fé.

Para mi amigo Mariano
Jorge Alfonso
Esperando que despiertes